Ganadería
Argentina

Argentina se consolida como el segundo consumidor mundial de proteína animal

Argentina se consolida como el segundo consumidor mundial de proteína animal

Por Leonardo Rafael. Presidente Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores

El sector de la ganadería bovina concluye un 2024 marcado por una serie de variables, entre las que sobresalen la disminución en el consumo de carne vacuna y precios internos desacoplados de la inflación. Con respecto a este último punto, al momento de redactar estas líneas estamos en condiciones de afirmar que comenzó el tan ansiado –y necesario- proceso de recuperación en los precios de la hacienda.

Durante todo el año, los números no cerraron para el negocio, con un ganado que aumentó cerca del 50% entre diciembre del año pasado y octubre. En ese período, los precios de venta al público en las carnicerías treparon un 59%, versus un IPC que marcó un 107%.

Esto demuestra que más allá de las subas tanto en las pasarelas de Cañuelas como en el comercio minorista, será difícil siquiera pensar –al menos en el corto plazo-  empatar el partido contra la inflación.

En paralelo, se consolidó otra tendencia: el cambio en la matriz de consumo de proteína animal en Argentina. En las últimas semanas, muchos titulares anunciaron –en modo catástrofe- que el consumo de carne vacuna se desplomó.

Pero si bien es innegable que los números retrocedieron –y no logran despegar de los 50 kilos anuales- nuestro país es el segundo consumidor global de proteína animal, superando a potencias como Australia y Brasil y solo por detrás de Estados Unidos.

Con respecto a las perspectivas para el 2025, por el momento las señales productivas y económicas anticipa un posible proceso de retención de hacienda y vientres, lo que reduciría la oferta disponible y generaría mayores presiones de costos para la industria.

La cadena de ganados y carnes muestra dos fotos bien diferenciadas. Por un lado, la exportación continúa mostrando dinamismo, pero el mercado interno se enfrenta a la dificultad de un poder adquisitivo limitado que restringe las posibilidades de recomposición de precios.

En este sentido, desde CAMyA coincidimos con la mirada de los analistas del sector ganadero: el próximo año plantea el desafío de mantener altos niveles de eficiencia y un control estricto de la informalidad en la cadena, para evitar distorsiones en la competencia dentro del mercado interno.