Valor Agro Argentina.- La confirmación del megaproyecto foresto-industrial en Ituzaingó abre expectativas en Corrientes y en toda la región del NEA. Para dimensionar su posible impacto, resulta clave mirar el caso de Uruguay, un país que en las últimas décadas logró transformar la forestación en uno de los principales motores de su economía.
En diálogo con Valor Agro, el productor agropecuario y forestal e ingeniero agrónomo uruguayo Jacques Boutmy explicó que el desarrollo del sector en su país tuvo un punto de partida claro: “todo nació por una ley de desarrollo, que fue una ley aceptada por todos los partidos políticos, fue una ley del Estado”.
Ese marco permitió un crecimiento sostenido que cambió por completo la matriz exportadora. “En el Uruguay antes de la aprobación de esta ley se exportaban 14 millones de dólares en el año 90 por productos forestales. En el año 2024 el rubro pasó a ser el principal rubro de exportación, exportándose más de 3.000 millones de dólares”, detalló.
De la forestación a la industria
El proceso comenzó con el desarrollo de plantaciones forestales y luego avanzó hacia la industrialización. “Cuando vos tenés esa masa forestal homogénea, las empresas empiezan a llegar”, explicó Boutmy, recordando que la primera planta de celulosa se instaló en 2005, seguida por nuevos proyectos que consolidaron al país como un actor global en la producción de pulpa.
Hoy Uruguay cuenta con tres plantas de celulosa y se posiciona entre los principales productores mundiales.

Cambio cultural en el campo
El avance forestal también implicó un cambio en la lógica productiva. “Inicialmente el sector ganadero era un poco más reticente a poner árboles en sus campos, pero después visualizando el muy buen negocio de la forestación, el productor ganadero fue incorporando forestaciones”, señaló.
En ese sentido, describió dos modelos predominantes: inversión directa del productor o acuerdos con empresas forestales. “Las empresas forestales lo que hacen son arrendamientos forestales con productores rurales, donde le pagan una muy buena renta por esas hectáreas”, indicó.
Fuerte valorización de la tierra
Uno de los efectos más notorios fue la suba del valor de los campos. “En el año 90 vos comprabas las mejores tierras forestales por 300 dólares la hectárea. Hoy esos campos, en un radio de 80 kilómetros de las plantas, difícilmente los paguen menos de 5.000 dólares”, ejemplificó.
Según Boutmy, este proceso responde directamente a la mejora de los márgenes del negocio forestal: “en la medida que los márgenes empiezan a subir, son tierras que se empiezan a valorizar”.

Impacto en el empleo y arraigo rural
El desarrollo forestal no solo impactó en la producción, sino también en el empleo y la dinámica social. “Se da toda una sinergia de trabajos asociados que impactan sobre la cadena forestal”, afirmó.
Además de la construcción de plantas, la actividad genera empleo en viveros, plantación, cosecha, transporte y servicios asociados. “En las zonas de incidencia de la forestación, los pueblos crecen, porque la gente se queda, porque hay trabajo”, subrayó.
En ese sentido, destacó la calidad del empleo generado: “son trabajos de capacitación, de nivel, operadores de máquinas, de harvester, de camiones, trabajos que se pagan muy bien”.
Un modelo que anticipa cambios en Corrientes
La experiencia uruguaya muestra que el desarrollo forestal puede transformar profundamente una región en términos productivos, económicos y sociales.
Con el proyecto en Ituzaingó, Corrientes podría recorrer un camino similar, donde la forestación no solo complemente a la ganadería, sino que también impulse inversiones, empleo y valorización de la tierra, consolidando al NEA como un polo foresto-industrial de escala internacional.