La expansión de la garrapata, la aparición de cepas multirresistentes y el aumento de los tratamientos para controlar el parásito están generando un nuevo desafío para la ganadería uruguaya, con impacto directo sobre la comercialización de carne.
Martín Olaverry, director de Grupo Valor Agro, advirtió que el problema sanitario ya está ocupando un lugar central en las conversaciones del sector y que sus consecuencias trascienden las fronteras.
La garrapata se ha convertido en uno de los principales problemas sanitarios de la ganadería de Uruguay. El avance del parásito hacia zonas que anteriormente se encontraban libres, sumado a la aparición de poblaciones multirresistentes, está obligando a los productores a intensificar las estrategias de control.
El problema no termina en el campo. Según explicó Olaverry, el incremento de los tratamientos también está generando dificultades vinculadas a los residuos de medicamentos y los tiempos de espera previo a la faena, con consecuencias sobre el acceso a mercados internacionales.
“Hoy el tema garrapata es uno de los grandes problemas que tiene la ganadería de nuestro país”, señaló Olaverry, quien remarcó que la situación está teniendo una incidencia creciente tanto desde el punto de vista productivo como comercial.
El impacto ya alcanza a frigoríficos de referencia de la industria uruguaya. Olaverry señaló que Frigorífico Tacuarembó, uno de los principales establecimientos del país por volumen de faena, y San Jacinto se encuentran actualmente fuera del mercado chino debido a situaciones vinculadas a residuos.
El escenario está relacionado, entre otros factores, con la necesidad de realizar mayores tratamientos para controlar el parásito. “Todo esto es por los mayores tratamientos que están intentando hacer los productores para controlar el tema garrapata”, explicó.
Multirresistencia: un problema que se extiende
Uno de los puntos que más preocupa al sector es la expansión de la garrapata hacia zonas que históricamente se mantenían libres, acompañada por la aparición de poblaciones resistentes a distintos principios activos.
“La garrapata multiresistente es un problema hoy aquí, como también ocurre ahí en la región de ustedes”, planteó Olaverry, marcando que se trata de una problemática que excede las fronteras uruguayas y requiere estrategias sanitarias coordinadas a nivel regional.
En ese contexto, la aparición de nuevas herramientas representa una alternativa para mejorar el control. Entre ellas mencionó Exzolt, desarrollo de MSD que, según señaló, ha mostrado buenos resultados en Uruguay.
Sin embargo, el especialista puso el foco también en una diferencia que puede resultar determinante para la comercialización: el período de espera previo a la faena.
“En Uruguay el tiempo de espera para la utilización de este producto previo a faena es de 84 días”, explicó Olaverry, señalando que se trata de un período superior al utilizado en otros países de la región. Según su referencia, en Argentina el plazo se ubicaría en torno a los 40 días y Brasil presenta también condiciones diferentes.
La hemovacuna, otra herramienta que gana espacio
Frente al avance de la enfermedad y las pérdidas asociadas a la tristeza bovina, Uruguay también está profundizando el uso de herramientas de inmunización.
Olaverry señaló que se está trabajando en una mayor utilización de hemovacuna, con el objetivo de inmunizar al ganado y reducir el riesgo de muerte asociado a la tristeza bovina.
“El problema es que no hay una oferta aún importante de este específico veterinario para poder llevar adelante una campaña importante de inmunización”, advirtió.
De esta manera, el control de la garrapata se enfrenta a un escenario complejo: por un lado, la necesidad de controlar una población parasitaria cada vez más difícil de combatir y, por otro, la necesidad de evitar que los tratamientos generen residuos que puedan comprometer la comercialización de carne.
Más controles sobre los movimientos de ganado
Ante esta situación, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay profundizó los controles vinculados a los movimientos de ganado.
Según Olaverry, el objetivo es doble: evitar que lleguen a los frigoríficos animales que hayan recibido tratamientos contra la garrapata sin haber cumplido los tiempos de espera correspondientes, y reducir el riesgo de propagación del parásito hacia zonas consideradas limpias.
“También se busca evitar que llegue ganado con garrapata viva o muerta a zonas limpias y que esto complique aún más la presencia del parásito en distintas zonas del país”, explicó.
El desafío, por lo tanto, combina sanidad animal, manejo de los tratamientos, inocuidad de los alimentos, acceso a mercados y movimiento de hacienda.
Para Olaverry, el tema sanitario ya ocupa un lugar preponderante dentro de la agenda ganadera uruguaya. “Hoy, a nivel de lo que es el tema garrapata, el tema vinculado a la sanidad es el punto que ocupa más espacio en las conversaciones vinculadas a la actividad ganadera”, resumió.
La situación uruguaya vuelve a poner sobre la mesa una problemática que también atraviesa a la ganadería del Mercosur: la necesidad de controlar la garrapata sin perder eficacia frente a la resistencia y, al mismo tiempo, preservar los estándares sanitarios y comerciales que exigen los principales mercados compradores de carne.
Si querés, también puedo hacer una versión más fuerte para portada de Valor Agro, con un título tipo: “Garrapata: el enemigo invisible que ya deja frigoríficos fuera de China y enciende las alarmas en la región”.