El ingeniero agrónomo Federico Etcheverry, ex presidente de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA) y actualmente doctorando en Ciencias Avícolas en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, explicó el alcance del Coeficiente Equivalente al Alimento (CEA), una herramienta que permite dimensionar el potencial de crecimiento de la nutrición animal en Argentina.
Según sus estimaciones, el país podría llegar a demandar 191 millones de toneladas de alimento si todo el stock animal recibiera una dieta completamente balanceada, frente a los aproximadamente 35 millones de toneladas que se alcanzan actualmente.
Etcheverry se encuentra en Estados Unidos realizando un doctorado en Ciencias Avícolas en la Universidad de Georgia, institución que consideró un referente mundial en producción avícola. Desde allí analizó las diferencias entre ambos países y destacó que, si bien Estados Unidos cuenta con un nivel de tecnificación superior, especialmente por el acceso al crédito y la infraestructura, Argentina tiene un importante desarrollo profesional y productivo.
“Cuando uno compara el conocimiento técnico que tiene el profesional dedicado a las ciencias agropecuarias en Argentina versus lo que puede ser Estados Unidos o cualquier otro país de América Latina, el conocimiento que tenemos la verdad que es fantástico. No tenemos que envidiarle nada a nadie”, señaló.
Según explicó, la principal diferencia está vinculada con la capacidad de inversión. “La flexibilidad que tienen acá al acceso al crédito principalmente les permite tener una infraestructura y una tecnología muy superior a la que podemos llegar a tener en Argentina”, indicó, mencionando como ejemplos los camiones, las plantas de alimento balanceado y la infraestructura de las granjas.
La nutrición, una variable clave del negocio
Etcheverry destacó que la nutrición tiene un impacto directo tanto sobre los costos como sobre la eficiencia productiva y la salud animal.
“La nutrición es el 60 al 70% del costo de producción de cualquier kilo de carne, huevo o leche, con lo cual todo lo que sea nutrición tiene un impacto directo en la rentabilidad del productor”, explicó.
Pero además de su impacto económico, remarcó que existe un fuerte desarrollo científico destinado a encontrar alternativas que permitan mejorar la salud animal y la calidad de los alimentos.
“Hay mucho dinero invertido en Estados Unidos, en ciencia, para evaluar alternativas al reemplazo de los antibióticos, alternativas que mejoren la calidad del producto final, sea carne, huevo o leche”, sostuvo.
En ese contexto, consideró que todo lo relacionado con la optimización de la producción y su vinculación con la nutrición representa un mercado con posibilidades para el desarrollo de nuevas alternativas y productos.
Calidad y seguridad alimentaria, claves para los mercados
Consultado sobre las discusiones vinculadas al uso de antibióticos y las exigencias de los mercados internacionales, Etcheverry planteó que Argentina tiene una oportunidad importante, pero que debe preservar la calidad y la seguridad de su producción.
“Si nosotros hacemos las cosas bien, el mundo está ávido por comprar”, afirmó.
Y agregó: “Si nosotros buscamos siempre una alternativa de rentabilidad cortoplacista o de ganar un diferencial por alguna práctica no adecuada, vamos a poner en riesgo un mercado que sigue viendo a la producción argentina como una producción de primera calidad”.
El profesional puso como ejemplo la carne vacuna argentina y contó que, en Athens, Georgia, donde actualmente reside, existe un supermercado que comercializa carne argentina y al que los consumidores concurren específicamente a buscar ese producto.
“Hay como una generación de una tendencia y un favoritismo a partir del conocimiento de un producto que sabés que es constante en el tiempo”, señaló.
Para Etcheverry, mantener esa confianza requiere calidad constante y seguridad alimentaria. “Si no hacemos las cosas bien y no tenemos calidad garantizada y constante en el tiempo y seguridad alimenticia, sin contaminaciones cruzadas, sin errores voluntarios o involuntarios, tenemos un mercado que está dispuesto a seguir comprándonos”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que “el potencial de crecimiento para la carne argentina es enorme”.
Hormonas: producir para el mercado que demanda el consumidor
Al referirse al debate sobre el uso de hormonas, Etcheverry diferenció entre especies y cuestionó algunos conceptos instalados en torno a la producción avícola.
“Todos los días sigue habiendo gente que dice: ‘los pollos crecen tanto que tienen hormonas’. Y la verdad es que en nuestra historia nunca se utilizaron hormonas en la producción avícola porque es caro, técnicamente no es viable, no hay producción de hormonas para alimentar al pollo. Con lo cual la carne de pollo no tiene hormonas”, sentenció.
En cuanto a otras producciones, reconoció que existen productos que pueden utilizarse para mejorar la rentabilidad o incrementar las ganancias de peso, pero remarcó que la decisión productiva debe contemplar las características del mercado.
“Lo que importa es tu audiencia, es lo que tu audiencia quiere escuchar, que son noticias ciertas, concretas, no inventos ni mentiras. Es lo que la audiencia compradora de carne quiere comprar: productos de calidad, saludables para sus hijos, sin contaminaciones cruzadas”, planteó.
Y resumió: “Cuando te piden carne de primera calidad, tenemos que buscar ese producto en particular que es el que el mercado está dispuesto a comprar”.
¿Qué es el CEA y por qué permite medir el potencial de la nutrición?
El eje de la presentación de Etcheverry es el Coeficiente Equivalente al Alimento (CEA), una herramienta desarrollada para poder comparar y sumar las distintas formas de alimentación utilizadas en las diferentes producciones animales.
La dificultad aparece especialmente cuando se intenta comparar la alimentación de aves y porcinos con la de los rumiantes. Mientras en avicultura y porcinos prácticamente todo el alimento consumido proviene de dietas formuladas, en los bovinos existe una combinación de pastoreo, heno, silo, fibra, suplementos minerales, premezclas y concentrados proteicos.
“Si uno quisiera sumar la dieta de los rumiantes para saber cuál es el potencial que tenés en el mercado, no podés hacer suma de ese pasto con suma de un kilo de alimento balanceado”, explicó.
Por eso, el CEA permite llevar los diferentes alimentos a una base común. “Sequemos todos los alimentos, pongámoslos en base a materia seca y, en verdad, estandaricemos a un 11% de humedad para que cada kilo de lo que comen todos estos animales, no importa cuál sea la especie, sean equiparables y sean sumatorios”, detalló.
El objetivo es dimensionar el verdadero mercado potencial de la nutrición animal, incluyendo aquellos alimentos que no aparecen en las estadísticas tradicionales de alimento balanceado.
“Cuando uno ve estadísticas internacionales que te hablan de alimento balanceado en particular, estás dejando de lado toda esa dieta de rumiantes que no comen alimento balanceado, sino que consumen un suplemento mineral, una premezcla o algún tipo de concentrado proteico”, explicó.
De 191 millones de toneladas potenciales a 35 millones
A partir de esta metodología, Etcheverry presentó una estimación sobre el potencial argentino.
Considerando el stock de bovinos de carne y leche, aves de engorde y postura, porcinos, pequeños rumiantes y acuicultura, estimó que, si todos los animales recibieran una dieta completamente balanceada y optimizada para crecimiento, salud y bienestar, el mercado potencial alcanzaría 191 millones de toneladas de alimento.
Sin embargo, actualmente Argentina estaría llegando a unos 35 millones de toneladas.
“¿Por qué? Porque hay muchas vacas, muchos terneros, muchos novillos a los cuales no le estamos dando una dieta totalmente balanceada”, explicó.
Dentro de ese universo, indicó que las aves representarían una demanda aproximada de 8,5 millones de toneladas, mientras que los bovinos requerirían unos 167 millones de toneladas bajo ese escenario de alimentación completamente balanceada.
En el caso bovino, señaló que actualmente solamente se estarían balanceando correctamente unos 22 millones de toneladas.
Para Etcheverry, esa diferencia no debe ser interpretada únicamente como una brecha, sino fundamentalmente como una oportunidad.
“Esa enorme diferencia te marca, en definitiva, siempre miremos el vaso medio lleno, que es el potencial que tenemos para crecer”, afirmó.
Y enumeró parte de las posibilidades: “En kilos de carne, en terneros destetados, en calidades incluso, el potencial que tenemos para crecer en Argentina es fabuloso”.
Una herramienta para medir el potencial por región
El CEA también permite llevar el análisis a escalas más específicas y determinar cuál es el potencial de cada región o provincia.
Etcheverry explicó que, a través de CAENA, las empresas que forman parte de la entidad pueden acceder al formulador para realizar estimaciones específicas.
“Quiero cifras específicas para Corrientes, quiero cifras específicas para Provincia de Buenos Aires”, ejemplificó, como una forma de utilizar la herramienta para conocer cuánto del potencial nutricional de cada región está siendo efectivamente aprovechado.
Para el ex presidente de CAENA, medir esa diferencia permite visualizar una oportunidad concreta de crecimiento productivo, especialmente en sistemas ganaderos donde una mayor incorporación de nutrición balanceada podría traducirse en mejoras en productividad, calidad y eficiencia.
Escucha Federico Etcheverry. Ex presidente de CAENA, experto en nutrición